Así describe José Saramago sus impresiones en el castillo, durante su visita a la bonita aldea histórica de Marialva en su libro Viagem a Portugal.
«O
viajante entra no castelo, (...) vai à descoberta do que, a partir deste dia,
ficará sendo, no seu espírito, o castelo da atmosfera perfeita, o mais habitado
de invisíveis presenças, o lugar bruxo, para dizer tudo em duas palavras.
Neste
largo onde está a cisterna, onde o pelourinho está, dividido entre a luz e a
sombra, adeja um silêncio sussurrante. Há restos de casas, a alcáçova, o
tribunal, a cadeia, outros que não se distinguem já, e é este conjunto de
edificações em ruínas, o elo misterioso que as liga, a memória presente dos que
viveram aqui, que subitamente comove o viajante, lhe aperta a garganta e faz
subir lágrimas aos olhos.
Não se diga daí que o viajante é um romântico,
diga-se antes que é homem de muita sorte: ter vindo neste dia, nesta hora,
sozinho entrar e sozinho estar, e ser dotado de sensibilidade capaz de captar e
reter esta presença do passado, da história, dos homens e das mulheres que
neste castelo viveram, amaram, trabalharam, sofreram, morreram.
O viajante
sente no Castelo de Marialva uma grande responsabilidade. Por um minuto, e tão
intensamente que chegou a tornar-se insuportável, viu-se como ponto mediano
entre o que passou e o que virá. Experimente quem o lê ver-se assim, e venha
depois dizer como se sentiu.»
Así narra José Saramago parte de su visita a Vila do Conde durante su Viaje a Portugal
Vila
do Conde tiene mucho que ver. Desde luego, es la única población, ciudad o
villa común, o aldea, que tiene una picota con un brazo armado de espada, figuración
de una justicia que no precisa que le venden los ojos porque no los tiene. Es
sólo un brazo, unido a un asta vertical, el fiel fijo de la balanza ausente. El
viajero se interroga sobre el sueño de aquel brazo y sobre lo que corta la
espada. La justicia será, pero enigmática.

La iglesia parroquial tiene un
portal manuelino atribuido a João do Castelo. La torre de campanas, es del
siglo XVII. Sobre el cuerpo de la iglesia, tanto le esconde y la apaga como la
sublima y valoriza; es, al mismo tiempo, es excesiva y complementaria. El
viajero, si tuviera opinión en estas cosas y fuerza en los brazos, la alfarería
a pulso y la dejaría a un lado como el campanile de Giotto con relación a la
iglesia de Santa María dei Fiore, en Florencia. Es una idea que el viajero deja
para la posteridad, si hay algún día dinero de sobra para gastarlo en estas
perfecciones.
Allá dentro nos falta que ver, el San Juan del siglo XVI que,
como patrón, tiene otra imagen en el tímpano de la portada, la Senhora da Boa
Viagem, del siglo XVI, que sostienen la mano derecha un lugre o algo como un
barco. Esta señora es la que guarda a los pescadores.
Texto del libro Viagem a Portugal (1995)
Edición en Castellano editada por Santillana S.A.
Traducción de Basilio Losada
Este post contiene texto de un Viaje a Portugal de José Saramago, el gran escritor portugués en esta obra nos transmite su visión particular de los lugares que recorre por las carreteras de Portugal.
Sin advertir que ha pasado ya la sierra, el viajero llega a Mogadouro.
Va cayendo la tarde, aún luminosa, y desde lo alto del castillo se pueden echar cuentas del trabajo de los hombres y mujeres de este lugar.
Todas las laderas de alrededor están cultivadas; es un juego de bancales y planteles, unos enormes, otros más pequeños, como si sirvieran sólo para llenar las sombras de los grandes.
Los ojos reposan, el viajero estaría totalmente regalado si no fuera por el remordimiento de haber hecho huir del recaudo de las murallas a una pareja de enamorados que andaba allí tratando de sus amores.
Aquí, en Mogadouro, quedó ilustrado una vez más el antiguo conflicto entre acción e intención.